Finanzas personales cuando nunca has ganado mucho (ni siempre lo mismo)
Es fácil pensar que para mejorar tus finanzas personales lo que tienes que hacer es ganar más, pero la verdad es que el primer paso es saber qué entra, qué sale y qué te queda guardado por si acaso.
Especialmente hoy quiero centrarme en las finanzas para aquellos cuyos ingresos pueden cambiar cada mes, ya sea porque sus ingresos dependen de un negocio, de unas comisiones, o de las horas que se trabajen ese mes.
Porque controlar lo que ingresas y lo que gastas cuando ingresas siempre lo mismo, no es siempre fácil, pero cuando tus ingresos son irregulares, puede complicarse aún más.
Yo nunca he ganado grandes cantidades. Y mis ingresos han ido cambiando toda la vida: temporadas buenas, temporadas justas y temporadas de «a ver cómo sale este mes».
Lo único que he hecho siempre bien es saber cuánto entraba y ajustar lo que salía a esa cifra, fuera la que fuera.

¿Qué son las finanzas personales y por qué no van de ganar más?
Podríamos definir las finanzas personales como las decisiones que tomas con tu propio dinero: qué entra, en qué se te va, cuánto guardas y qué haces con lo guardado. Nada más. No hace falta ser de números ni tener un sueldazo: hace falta mirar, que es justo lo que la mayoría no hacemos nunca.
La creencia que más daño hace es esta: «cuando gane más, ya me organizaré». Yo he visto las dos caras. He tenido meses buenos en los que, sin control, el dinero desaparecía igual. Y meses justos en los que, sabiendo mis números, llegaba tranquila.
Ganar más sin saber a dónde va tu dinero solo hace que se te escape más rápido. Por eso esto se aprende antes, no después.
¿Y si mis ingresos cambian cada mes?
Sí, y encima es donde más se nota. Cuando no sabes qué vas a cobrar el mes que viene, tu seguridad no puede venir del sueldo: tiene que venir de conocer tus propios números. Yo me apoyo en tres, y no he necesitado ninguno más.
Uno: lo que entra, en su versión mala. No hago cuentas con mi mejor mes, hago cuentas con los flojos. Si un mes viene bien, es un extra, no el plan. Esa sola decisión me ha ahorrado más disgustos que ninguna otra.
Dos: lo que sale sí o sí. Alquiler o hipoteca, recibos, comida, transporte, seguros, gimnasio. El suelo por debajo del cual no puedo bajar. Hasta que no lo tuve escrito en un papel, iba a ciegas creyendo que iba bien.
Tres: el colchón. Lo que tengo guardado para el mes en que no entra lo previsto. Se mide en meses de gastos, no en euros sueltos: no es lo mismo tener 2.000 € con un gasto fijo de 700 que con uno de 1.900.
Con esos tres números sabes exactamente cuánto margen tienes. Y el margen es lo que te deja decidir en vez de reaccionar.
El colchón que me dejó cambiar de país sin trabajo
Aquí es donde esto deja de ser teoría. En 2022 me mudé a Australia sin tener trabajo antes de llegar. No fue una jugada valiente: fue un colchón. Sabía cuántos meses podía sostenerme allí sin ingresos, y ese número era lo único que hacía la mudanza sensata en lugar de temeraria.
No me tocó ninguna lotería. Simplemente llevaba años gastando por debajo de lo que entraba, incluso cuando entraba poco. Esa costumbre aburrida es la que me ha permitido viajar, cambiar de país y no haber tenido nunca la angustia de no llegar a fin de mes.
Ahora la parte que nadie nos contó. Un colchón es lo primero que hay que tener, pero dejar ahí todo tu dinero durante años tiene un coste silencioso: La inflación.
Según las Cuentas Financieras de la Economía Española del Banco de España, el ahorro de los hogares españoles se concentra en depósitos y efectivo, que pierden valor con la inflación. No es culpa tuya: nadie nos explicó qué hacer con lo que ahorramos, ni en el colegio ni en ningún otro sitio. A mí me pasó igual: tenía el colchón resuelto y el resto del dinero quieto, año tras año, esperando a saber más.
Cómo empezar con tus finanzas personales en 6 pasos
Este es el orden que a mí me funcionó. No necesitas ninguna aplicación ni ningún curso para hacer los cinco primeros: necesitas una tarde.
- Mira lo que entra de verdad. Los últimos seis meses, uno a uno. Si cambian mucho, quédate con el más flojo como referencia.
- Apunta lo que sale durante un mes. Todo, sin juzgarte y sin cambiar nada todavía. Solo mirar. Esta parte incomoda; es la que más enseña.
- Separa los gastos fijos de los que decides tú. Los primeros los negocias una vez al año; los segundos, cada día.
- Ponle un nombre a tu colchón. Cuántos meses de gastos quieres tener guardados. Escribe el número: sin número no hay meta, solo intención.
- Automatiza lo que puedas. Lo que se aparta el día que cobras no se gasta. Lo que se aparta «si sobra» no se aparta nunca.
- Aprende qué hacer con lo que te sobre del colchón. Este es el paso donde yo me atasqué por años. Y es el único que no se resuelve solo con una libreta: se resuelve formándote.
Ese paso seis, el de aprender, es el que menos excusas admite ahora mismo: Celia Rubio da cuatro clases en vídeo gratuitas los días 24, 26, 28 y 31 de agosto, pensadas para quien parte de cero. Si te apuntas antes del 24, las recibes desde la primera. Te cuento qué son, qué se ve en cada clase y para quién no son en esta formación gratuita para empezar desde cero, y quién es ella en este artículo sobre Celia Rubio.
¿Y si a fin de mes no te queda nada?
Entonces esto te sirve más que a nadie, no menos. Cuando el margen es pequeño, cada euro que se va sin que lo veas pesa muchísimo más que en una casa que va sobrada. Ordenar no te va a inventar dinero, pero te va a enseñar dónde estaba el que ya tenías.
Y ojo con la trampa en la que caí yo: «primero junto algo, luego aprendo». Se hace justo al revés. Entender cómo funciona tu dinero no cuesta dinero, y es lo que hace que lo que juntes después no se quede parado diez años como me pasó a mí.
Lo que de verdad cambia cuando sabes lo que tienes
No es el saldo. Al principio el saldo se mueve poco. Lo que cambia es que dejas de tener miedo a mirar.
Hace tiempo que no entro en el banco solo para ver si me llega para algo: ya sé lo que hay y lo que me puedo permitir. Y cuando me planteo un gasto más grande de lo normal, lo primero que hago no es mirar el saldo, es hacer un plan.
Eso es todo lo que hay al final de este camino, y es menos glamuroso de lo que se vende por ahí: no un número, una frase. Sé lo que tengo y sé qué puedo hacer con ello.
Se aprende de mayor, con ingresos normales y siendo de letras o de números. Yo empecé sin ninguna ventaja, con temporadas en las que no sabía qué iba a cobrar el mes siguiente, y esto es lo único que me ha dado libertad de verdad. No me hizo ganar más: me dejó decidir.
Así que empieza por el paso uno esta misma semana: los últimos seis meses de ingresos, uno a uno, en un papel. Una tarde, cero euros, y nadie puede hacerlo por ti.
Y cuando llegues al paso seis, no hagas lo que hice yo, que fue esperar años a saber lo suficiente. Nadie se siente preparado antes de empezar: se empieza y por eso se aprende. Si quieres ver por dónde empezaría yo hoy, lo tienes aquí..

